jueves, 5 de abril de 2012

dieciocho de febrero en cusco


hace un rato lo había visto subirse al escenario. era un europeo  más en un lugar lleno de europeos. todos molestamente enajenados por su calidad de turistas jóvenes en un país tercermundista.  a mi nunca me han gustado mucho los europeos. para qué hablar de la dinámica de ir a taquillar a las discos que siempre me ha parecido tan patética. pero ahí estaba yo, semi taquillando con un grupo de amigas en una disco con música horrorosa de fondo, y rodeada de extranjeros más excitados que cocker spaniel. asqueroso. de partida asumí que tenía que estar ebria para disfrutar el contexto y sacarme de la cabeza todos los análisis intelectualoides. ser mujer en un mundo machista y en esas circunstancias, es un favor enorme para la billetera. no pagué ni un peso por todo lo que tomé.

ya llevábamos más de una hora bailando en la groove y de las cinco que eramos, solo podía divisar a la nati. le habia gustado un tipo igual a jesús. otro europeo más, pero sospechosamente rodeado solo por mujeres. la nati no queria acercársele porque juraba que una de ellas era su polola, pero para mi la opción más segura es que era gay. intenté llevarla a la rastra para que le hablara, pero se me arrancó y cuando logré alcanzarla ya estaba bailando con otro, un gringo con una cara de nick carter que no se la sacaba nadie.

me quedé sola y me acordé que entre medio de yisus y nick, la nati me había dicho que bailara con un tipo que estaba cerca nuestro y que me miraba de repente. era el del escenario. me acerqué a él y le pregunté si quería bailar. me dijo que sí. le pregunté de dónde era y me dijo que era sueco, que no sabía hablar español y que se llamaba ryan o brian. no le escuché bien. para peor, rato antes había bailado con otros dos suecos: joseph y ludwing. pasado unos días, ya no sabía cuál era cuál.

le dije que me llamaba loreto y el me estiró la mano diciendo "nice to meet you", mientras me miraba con cara de ángel risueño de cuadro de botticcelli -ya, color, pero en verdad el tipo era exageradamente hermoso-. me preguntó dónde estaba mi novio. le dije que no tenía y me preguntó que por qué una chica como yo estaba sola -galán el hombre- le hice la misma pregunta de vuelta y él me dijo que no tenía novia  "because im not handsome". le dije que estaba loco, aunque demás que con tanto cabro de ojos azules las suecas se aburren.

no sé qué más hablamos, pero pasaron menos de cinco minutos y el el loco me dijo ¿can i kiss you? y yo medio atontada por el alcohol le dije if you want you. y asi, estuvimos con el sueco como unas dos horas: agarrando en medio de la conversación, el alcohol, la música, los sofás escondidos, y el inglés a medio morir saltando.

el idioma fue un problema, sin duda. podríamos haber tenido conversaciones mucho más interesantes si él hubiera sabido hablar español o yo sueco, o si yo hubiera manejado mejor el inglés. después de dos horas de interacción, la mitad de mis frases de respuesta eran simplemente" i dont get it". ryan brian joseph de suecia miraba mi cara de incomprensión, trataba de parafreasear algo en español, sin éxito, se reía y me volvía a dar un beso largo, suave y preciso.

bailamos song two de blur como enajenados, él me dijo que machu pichu era un lugar increíblemente mágico, dijo que yo y mis amigas eramos unas flojas por no subir hasta aguas calientes a pie como lo había hecho él, me contó que era amigo de calvin harris, yo le creí porque en ese entonces no sabía quién mierda era, y como a la hora de conocernos me invitó a dormir a su hostal. le dije que no y el me dijo 'its ok" y seguimos conversando. otra hora después, me dijo que se quería ir, pero que quería volver a verme. yo le puse una cara de "loco, este romance tiene cero futuro", que el captó magistralmente, y con rostro de frustración me dijo "it's that impossible?", a lo que opté por mantener mi expresión facial de maraca rompecorazones y ryan brian joseph de suecia me miró con  leve disgusto, me dio un beso más corto de lo normal y se fue.

a los días después me di cuenta que igual tenía ganas de ver al sueco otra vez y que no sabía su apellido, ni el lugar en donde se estaba hospedando -tenía un nombre inca raro que no logré recordar nunca-, y peor aun, no estaba segura siquiera de cómo se llamaba. me sentí una idiota por no darme la oportunidad de disfrutar de la compañía del tipo por otro día más. qué importaba que no nos fueramos a ver nunca más. qué importaba extrañarlo después. me las di de mina fría, cuando en realidad siempre he sido una quinceañera ridículamente enamoradiza. tanto así que ya ha pasado más de un mes y me acuerdo del sueco todas todas las putas semanas. es que nunca había besado a alguien con los ojos tan celestes.



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