domingo, 16 de junio de 2013

Se enfrenta al papel y de inmediato escupe en blanco. No hay simbología porque está obsesionada con la evidencia: harta de la metáfora mental, de esa capa de apariencia bajo la cual siempre hay algo más. 

Piensa que para limpiarse debe resolverse por completa, no dejar ni una maraña feliz. 

                                                                  Comprende, por otro lado, el  terrible error de esa aspiración.

domingo, 9 de junio de 2013

"El mundo de lo psicológico  puede ser trascendido si se toman en cuenta no sus objetos, sino los actos de conciencia que a ellos se refieren."

jueves, 4 de abril de 2013

presiento que para estar en paz debo sumergirme en lo más profundo de esto que identifico como "yo" y sobrevivir en ese espacio sin asfixiarme. adaptarme completamente a la ausencia de luz y sonido, al vacío, a la nada. y luego salir, ¿pero cómo?, ¿cómo volver a enfrentar el exterior después de acostumbrarse al silencio de las entrañas?

jueves, 17 de enero de 2013

a veces, basta una mínima interacción para que mi turba mental tenga una excusa para avalanzarse sin piedad sobre algún desprevenido. sospechosamente, la mayoría de esas veces, ese desprevenido resulta ser mi papá.

comprendo que en este fenómeno confluyen dos condiciones no tan sospechosas: una, que mi papá es un ser adicto a la conversación anecdótica que no sabe mucho disfrutarse a sí mismo, sino es a través de la relación con un otro, y que en vista de su exceso de tiempo libre de jubilado, esta característica se expresa de manera exacerbada en nuestro hogar. y dos, que yo tengo una preocupante intolerancia a la manifestación de este tipo de simplicidad intelectual y aburrimiento existencial, sobre todo cuando me toca toparme con ella de manera recurrente.

entonces, ando yo aterrada pensando en temas "muy profundos" como la muerte, el amor y la salvación de la humanidad, cuando llega mi papá a comentarme que en el mega mostraron cómo hacían la sopaipilla más grande del mundo, y a mi como que me hierve algo dentro. no sé bien qué, pero sólo puedo responder con indiferencia y desviar la atención rápidamente hacia cualquier otra cosa para no seguir profundizando en esta molestia tan injustificada.

y yo que no me cuido cuando me pilla de nuevo esta vez para comentarme alguna noticia en la que, por supuesto, él se manifiesta de parte de los empresarios, la policía o el gobierno derechista. y ante esto yo me aguanto un poco menos y le tiro un par de frases cargadas de un sutil resentimiento frente a una postura ideológica que considero derechamente torpe, ignorante y egoista.

pero él no se rinde, necesita conversar, de lo que sea, y necesita hacerlo conmigo que soy la única que pasa tiempo en la casa y a la que supuestamente le interesa debatir. y viene con el último recurso que generalmente es alguna queja respecto a mi mamá- a la cual me parezco un montón en los más diversos niveles- o sobre alguien de su familia. y ahí si que no puedo soportarlo y directamente le tiro alguna pesadez muy poco pensada, a la que el responde con una frase del mismo calibre.

y como una nube negra entre nosotros veo como mi turba externalizada se va expandiendo en los distintos lugares de mi casa, avanza por la cocina, sale hacia el patio y encuentra a mi mamá, toda agobiada por las ingratitudes de la vida, se le echa al hombro como para potenciar sus dolores de espalda, se devuelve, entra por la pieza de mi hermano mayor, se topa con una turba aun más grande con la cual colisiona de manera inevitable y a duras penas se recompone para saludar a mi hermano menor, sin afectarlo más que un segundo, hasta que vuelve a mi, más negra y densa que nunca, llena de culpa por haber iniciado esta cadena de daños sutiles, pero certeros. y yo la abrazo y le digo "turba, es que no quiero más", y ella me entiende y me disculpa. nos disculpamos mutuamente mientras la veo desaparecer bajo la tela de lunares de mi blusa.

domingo, 9 de diciembre de 2012

yo. terrible.

no es mi intención dramatizar, pero tengo una tendencia natural por la tragedia. verás: me contiene una estructura mental autoflagelante. y existir con esta cabeza resulta, la mayor parte del tiempo, una tortura. no es que el mundo me odie o que la injusticia (si es que existe) se haya concentrado en mi campo de acción para hacerme la vida imposible. todo lo contrario. la vida se me presenta hermosa, amplia, llena de posibilidades, pero mis dinámicas mentales se empecinan en contrastar esta percepción con una visión de túnel en la que sólo encuentro razones para revolcarme en la agotadora melancolía.

sábado, 8 de diciembre de 2012

"El asesino difuso"



"Algunas razones para combatirlo y seguir viviendo:

A) Por puro instinto vital.

B) Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y qué será de uno mismo mañana.

C) Por el asombro que provoca ser uno mismo, el mismo, pero distinto cada día, mes a mes, año a año.

D) Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, lo que a uno le guste, sin preocuparse por conseguir el éxito o el fracaso, buscando sentir solamente el placer de intentarlo. Importa el camino, no la meta.

E) Por la Aventura, que existe y viene si uno la busca y nos hace conocer el riesgo, la fortuna, y todo lo que uno es capaz de imaginar.

F) Por toda la gente que nos falta conocer. Por las mujeres que uno conocerá y amará.

G) Por el placer de comer y beber con amigos y amantes y amanecer borracho en los bares filosofando.

H) Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo y si no las hay, hay que inventárselas."

jueves, 22 de noviembre de 2012

que yo haya nacido con este infierno que tengo por cabeza, no puede ser solo casualidad.

martes, 9 de octubre de 2012

ya no puedo pensar que porque me miras devotamente, vas a apostar por lo mismo que yo. debo aceptar que no vale homogeneizar el sentir. que eso que yo veía de mí en ti, no era más que un reflejo ficticio de mi obsesión por entender-te-me-nos. que todo esto que ha pasado no es más que otra evidencia de que aun no me arrojo al devenir. que estoy más aferrada que nunca a la ilusión del control. y que mi talón de aquiles está penosamente ubicado en el centro de mi pecho. o un poco más abajo.

que fui educada para admirar a los hombres y buscar su aprobación. que al mismo tiempo, me enseñaron a sentirme inferior a ellos, despreciada, dependiente de su afecto. y me dijeron que nada era yo si no tenía un ejemplar de esos a mi lado. y que la culpa de eso no es de ningún hombre, ni de muchos. es un poco mía y a la vez de nadie. 

y así, me fui envolviendo en una serie de encuentros en los que nunca se me quiso como yo necesitaba ser querida. entonces me conformé. me resigné. agradecí la oportunidad, sinceramente, pero me perdí. de todas formas, me perdí. porque me di cuenta que algo peor que  la soledad es sentir que a una la quieran mal.

y ninguna de estas melosidades importaría si yo no creyera realmente en lo débiles que son los pilares que sostienen mi _ _ _ _. si yo no me sintiera un poco como un palafito de madera devorado por termitas ciegas, que no pretenden dañarme, pero tampoco hacerme bien. porque así como yo, ellas también andan atadas a sus necesidades. a veces, creo que todo puede reducirse a que me falta valor para entender. 

lunes, 8 de octubre de 2012

y me encuentro aquí, de nuevo. mordiendo el cojín con bordados fifís que mi mamá compró para mi cama. porque los cojines con bordados fifis tienen esa cosa "digna" que a la gente de clase media baja le gusta tener en sus casas. y porque yo aun vivo con mi mamá, y mi papá, y mi hermano y mi otro hermano, que también es un mamón, y mi gata, que es la máxima expresión de la dependencia emocional que se respira en este lugar.

lo muerdo con rabia, golpeo la cabeza contra la pared. me retuerzo. nunca me había retorcido tanto. le ruego a un dios en el que no creo. me voy abajo. bien abajo. se me escapa la fe. desaparece el concepto de mi cabeza. me decido con convicción por el resentimiento, la negación, la inutilidad del por qué. niego la voluntad. mi voluntad. el estúpido optimismo. apelo a la justicia divina. me olvido de la lógica. vuelvo al por qué. le cuento a este dios originado por mi oportunismo, que esto no debiera ser porque "no me lo merezco" y le  detallo todas las veces en que me ha sucedido lo mismo, y le explico también las bondades que podría haberle entregado yo a otros si me hubiera dado la razón esta vez, y vuelvo a morder el cojín, vuelvo a retorcerme, vuelvo a golpear la cabeza.

porque no me oye, este dios no me oye, tiene la puerta cerrada con un cartel que aplaza mi atención burocráticamente, hasta nuevo aviso. me dice sutilmente que aun no entiendo nada. o que en verdad entiendo muy poco o peor aun, que no quiero entender.  y yo le digo, "pero es que duele tanto", mientras me encojo de angustia ante su mirada. atenta. neutra.

me detengo.

me viene la calma de golpe. no me ilusiono con ella, pero la dejo llegar. "hay una posibilidad", me digo. advierto el autoengaño, pero no me importa. cualquier cosa antes de repasar otra vez los pensamientos suicidas. me aferro a la oportunidad. a un último encuentro que me permita entender, ya no desde mi no-dios, sino que desde mí, desde él. quizás removerlo un poco, quizás intentarlo una última vez, aunque resuene en mí la certeza del fracaso. una vez más. a ver qué sale.

pido una última cosa antes de olvidar: que el universo me regale una pena calma.

domingo, 16 de septiembre de 2012

en paz

miedo, ¿pero a qué? la lista de provocaciones es tan larga que podría pensarse que en verdad tengo miedo de estar viva. ahora, por ejemplo, sufro porque te quiero. ¿podría haber una motivación más absurda?  me explico: el que sufre porque quiere a otro, en verdad no sufre por querer a ese otro. es un autoengaño. yo sufro porque tengo miedo de perder el placer que experimento a costa de tu existencia. sufro porque ya no quiero alejarme del universo en el que has construido tu vida. porque me he vuelto adicta a nuestras comprensiones, a tu ritmo sensato y apasionado, a esas caras desquiciadas que pones para hacerme reír. y sufro porque tu no mereces ser querido así, ni yo merezco volver a esta autocondena que es el apego. te suelto. te suelto. te suelto. te suelto para que vayas a mi lado, y no sobre mi.